El primero de julio de 2026, fecha en que el T-MEC cumplió seis años de vigencia, llegó sin la renovación automática que México y Canadá esperaban. Washington decidió no extender el acuerdo por 16 años adicionales y activó en su lugar un esquema de revisiones anuales que mantendrá el tratado en incertidumbre hasta 2036. No es el fin del T-MEC, pero tampoco es la certeza que millones de trabajadores y empresas de América del Norte necesitaban.
El mecanismo que nadie quería activar
El T-MEC, que entró en vigor el 1 de julio de 2020 como sucesor del TLCAN, incluye desde su origen una cláusula de revisión obligatoria a los seis años. Si las tres partes confirmaban su intención de renovarlo, el acuerdo se extendería automáticamente por 16 años más, hasta 2042. Si alguna nación se negaba, el tratado entraba en un ciclo de revisiones anuales con posibilidad de expirar definitivamente el 1 de julio de 2036. Ese tercer escenario, el más temido por los mercados, es precisamente el que se activó este miércoles.
La reunión trilateral se realizó de forma virtual a las nueve de la mañana del 1 de julio. En ella participaron Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos; Marcelo Ebrard, secretario de Economía de México, y Dominic LeBlanc, ministro de Comercio de Canadá. El mensaje de Washington fue contundente: no hay extensión de 16 años.
Las exigencias detrás del rechazo
La oficina de Greer emitió un comunicado confirmando que Estados Unidos no acordó renovar el T-MEC en su forma actual, señalando la existencia de problemas sustanciales que la administración Trump busca corregir, entre ellos los déficits comerciales con México y Canadá (La Jornada, 1 de julio de 2026). En negociaciones previas realizadas en mayo, trascendió que los negociadores estadounidenses buscan elevar el contenido norteamericano de los vehículos al 82%, con 50% de ese valor producido específicamente en territorio estadounidense, según cuatro fuentes familiarizadas con las conversaciones citadas por Reuters. El Wall Street Journal también reportó que la prioridad de Trump es que la mitad de los componentes y materiales en los autos provenga de EU para calificar para trato preferencial en un tratado revisado (The Detroit News, 29 de mayo de 2026). Actualmente, el T-MEC exige 75% de contenido norteamericano en los vehículos, con al menos 40% del valor de las partes esenciales producido en zonas de salarios altos, es decir, Estados Unidos o Canadá.
El secretario Ebrard explicó en un video difundido en redes sociales los dos caminos previstos por el tratado: Lo que nos ha dicho hoy el embajador Greer es que Estados Unidos no está en la posición de extender los 16 años, por lo tanto nos vamos a ir por el carril de la revisión anual por los próximos 10 años que es la vigencia acordada del tratado (La Jornada). El funcionario también descartó que alguna de las partes busque retirarse del acuerdo, recordando que la cláusula de rescisión exige una notificación con seis meses de anticipación.
Para el economista Erick Herrera, la maniobra de Trump es una estrategia de presión clásica: No mata al T-MEC, pero dice ‘no lo quiero renovar fácil’, para ejercer máxima presión para renegociar y obtener mejores concesiones (Grupo Animal).
Una década de incertidumbre para la región
El impacto de este escenario preocupa a economistas y empresarios. Tony Stillo, director de Economía de Canadá en Oxford Economics, advirtió a Al Jazeera que las revisiones anuales serán un gran viento en contra para las economías del bloque comercial. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) señaló que las revisiones anuales dañan la confianza de los inversionistas y las apuestas de inversión a largo plazo en América del Norte, debilitando la integración de las cadenas de suministro. El acuerdo rige un comercio trilateral estimado en entre 1.6 y 2 billones de dólares anuales, según datos de Convera.
El sector automotriz es el más expuesto. Las cadenas de suministro norteamericanas están profundamente integradas: los componentes automotrices cruzan la frontera múltiples veces antes de convertirse en un vehículo terminado, lo que hace que reglas comerciales predecibles sean críticas para controlar costos (IBTimes). La tercera ronda de negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos está programada para la semana del 20 de julio, según confirmó la oficina de Greer. Canadá, por su parte, no ha iniciado negociaciones formales bilaterales con Washington, aunque su ministro LeBlanc reafirmó el respaldo de su país al T-MEC y recordó que el acuerdo permanece vigente hasta 2036.
Por ahora, el T-MEC sobrevive. Pero lo hace bajo una nube de incertidumbre que podría durar una década, con consecuencias reales para los empleos, las inversiones y la integración económica de América del Norte.
Fuentes consultadas: La Jornada, San Diego Red, Grupo Animal, Al Jazeera, The Detroit News/Reuters, CSIS, IBTimes, Quiver Quantitative, Convera, Congress.gov
