Bajo más de tres kilómetros de hielo perpetuo, la Antártida Oriental guardaba un secreto de escala continental: una gigantesca estructura geológica con forma de abanico, invisible para el ojo humano, que podría reescribir la historia tectónica del planeta y condicionar el futuro del nivel del mar. El hallazgo, publicado en junio de 2026 en la revista Nature Geoscience, sacude los cimientos de lo que la ciencia creía saber sobre el continente más remoto de la Tierra.
Contexto: el continente que nunca terminamos de conocer
La Antártida es, paradójicamente, uno de los territorios más estudiados y menos comprendidos del planeta. Más del 99% de su roca permanece sepultada bajo una capa de hielo de varios kilómetros de grosor que impide observar de forma directa el relieve, la composición y la historia del continente (Voz Pópuli). Durante décadas, los científicos han recurrido a tecnologías indirectas —radar de penetración, gravimetría, sísmica— para esbozar ese paisaje enterrado: montañas subglaciales, lagos ocultos, valles profundos. Pero nadie había logrado unir las piezas en una sola imagen de escala semicontinental. La Antártida acumula unos 27 millones de kilómetros cúbicos de hielo, masa suficiente para deprimir el lecho rocoso; si ese hielo desapareciera, el suelo ascendería hasta un kilómetro de altitud (ScienceAlert). Ese contexto físico hacía casi imposible reconocer una estructura tectónica de proporciones colosales oculta justo debajo.
El descubrimiento: 30 cuencas que apuntan al Polo
El estudio fue liderado por el geofísico Egidio Armadillo, de la Universidad de Génova, con la participación de la Universidad de Durham (Reino Unido) y un equipo internacional de investigadores (ScienceDaily / El Español). Curiosamente, el equipo no buscaba una estructura de abanico: investigaba cómo luciría la Antártida Oriental sin su manto helado (ScienceAlert). Al reconstruir la topografía del lecho rocoso, los datos revelaron algo inesperado. Los investigadores identificaron 30 cuencas subglaciales con forma de V que se extienden radialmente desde un punto pivote situado a 86,4° de latitud sur, abarcando más de 1,500 kilómetros en sus cuencas principales (OKDiario). La formación fue bautizada como East Antarctic Fan-Shaped Basin Province (EAFBP, por sus siglas en inglés), y conecta accidentes geográficos que se estudiaban por separado: las cuencas Wilkes y Aurora, y la región del lago Vostok, el lago subglacial más grande conocido en la Tierra (WION News). “Identificar una única estructura geológica a gran escala en todo el continente cambia significativamente nuestra comprensión de la evolución geológica de la Antártida Oriental”, declaró Armadillo según Science Illustrated. Para reconstruir esa arquitectura invisible, el equipo combinó datos de topografía subglacial, observaciones geológicas, mediciones de gravedad, datos magnéticos, información sísmica y modelos de la corteza terrestre (ScienceDaily). “Más del 99% del lecho rocoso está oculto bajo el hielo, por lo que integrar todas esas fuentes es esencial”, subrayó el investigador (Live Science). El análisis indica que la estructura es producto de procesos tectónicos profundos en la litosfera antártica, específicamente un fenómeno llamado extensión rotacional distribuida, en el que la corteza se estira desde un punto central (ScienceDaily / ScienceAlert). “La extensión rotacional se conoce en otros contextos tectónicos, pero reconocer una estructura de esta escala, oculta bajo el manto de hielo de la Antártida Oriental, es bastante extraordinario”, afirmó Armadillo (Voz Pópuli). Añadió: “Si nuestra interpretación es correcta, este podría ser uno de los ejemplos más grandes y claros de extensión rotacional distribuida reconocidos hasta ahora en corteza continental” (Voz Pópuli).
Gondwana, el calentamiento global y el futuro del nivel del mar
El impacto del hallazgo trasciende la geología histórica. Los investigadores proponen que la EAFBP se formó antes de la ruptura del supercontinente Gondwana, creando una zona de debilidad que posteriormente pudo contribuir a la separación entre la Antártida y Australia (ScienceAlert / La Tercera). Los posibles marcos temporales van desde eventos de erosión ocurridos hace 250-300 millones de años hasta fallas posteriores de hace 35-55 millones de años (Science Illustrated). Pero la estructura no pertenece solo al pasado: las cuencas subglaciales controlan hoy la localización de los principales glaciares de salida del continente, como el Totten, el Denman y el Amery, lo que implica que procesos geológicos iniciados hace unos 150 millones de años condicionan directamente la dinámica del hielo antártico en la actualidad (OKDiario). La región EAFBP alberga aproximadamente la mitad de la capa de hielo de la Antártida Oriental, con un equivalente en nivel del mar de 28 metros (OKDiario). Al encontrarse algunas cuencas por debajo del nivel del mar moderno, el estudio señala que esto puede aumentar la sensibilidad y vulnerabilidad de la capa de hielo ante el calentamiento global (OKDiario). “En mi opinión, este es uno de los aspectos más emocionantes del estudio: no cierra el problema, sino que abre una nueva dirección de investigación”, declaró Armadillo (Live Science). La topografía del lecho rocoso actúa como una autopista invisible que guía el flujo del hielo hacia el océano, determinando la velocidad y dirección del movimiento glacial (Voz Pópuli). Comprender esta arquitectura oculta se vuelve crucial mientras los científicos intentan predecir cómo responderá la capa de hielo antártica a los cambios climáticos futuros (Voz Pópuli). La Antártida, concluyen los autores, tiene una historia tectónica mucho más dinámica de lo que se pensaba; y sus secretos más profundos apenas comienzan a salir a la luz.
Fuentes consultadas: Nature Geoscience (DOI: 10.1038/s41561-026-01991-6), ScienceDaily, ScienceAlert, Live Science, Voz Pópuli, OKDiario, Gizmodo ES, La Tercera, El Español, WION News, Science Illustrated, La Chispa.
