En cuestión de horas, el 1 de julio de 2026, Wall Street reescribió la narrativa de Meta Platforms. La empresa que durante meses cargó con el estigma de gastar como AWS pero facturar como red social reveló que sus miles de millones en infraestructura de inteligencia artificial podrían convertirse en un negocio propio: vender esa capacidad a terceros. La acción respondió de inmediato y en la semana acumuló una ganancia de aproximadamente 15%, su mejor desempeño semanal en más de dos años.
El contexto: una apuesta billonaria sin retorno visible
Durante meses, los inversionistas escépticos tenían un argumento simple contra Meta: la compañía elevó su previsión de gasto de capital para 2026 a un rango de entre 125,000 y 145,000 millones de dólares, con solo en el primer trimestre del año 18,997 millones de dólares invertidos, casi la mitad más que el año anterior (Yahoo Finance). Toda esa infraestructura —servidores, chips, redes de fibra, centros de datos— servía para entrenar modelos propios y sostener Facebook, Instagram y WhatsApp, pero no generaba ingresos directos. La pregunta que rondaba Wall Street era brutal: ¿cuándo veremos retorno? La respuesta llegó desde Bloomberg el miércoles 1 de julio.
El plan: Meta Compute y la transformación del gasto en producto
Bloomberg fue el primero en revelar el proyecto y CNBC lo confirmó horas después: Meta construye una unidad interna llamada Meta Compute, con la que planea vender a clientes externos su excedente de capacidad de cómputo de inteligencia artificial. Según personas familiarizadas con el plan, la iniciativa contempla dos vías complementarias: la primera, vender acceso a modelos de IA alojados en su infraestructura —similar al servicio Bedrock de Amazon Web Services—; la segunda, ofrecer capacidad de cómputo bare-metal en bruto, compitiendo directamente con empresas como CoreWeave (Benzinga). La unidad está encabezada por Santosh Janardhan, responsable de infraestructura de Meta; Daniel Gross, de Meta Superintelligence Labs; y Dina Powell McCormick, presidenta de la empresa. Mark Zuckerberg había adelantado la posibilidad desde la presentación de resultados del tercer trimestre de 2025, y en la junta anual de accionistas de mayo repitió que vender el exceso de capacidad estaba “sin duda sobre la mesa” (CNBC). El modelo no es ajeno al ecosistema tecnológico: Meta replica el playbook con el que Amazon convirtió su infraestructura interna en AWS, y sigue el camino de SpaceX, que ya vende capacidad de cómputo a empresas como Anthropic por 1,250 millones de dólares al mes (Nexo.la). Los analistas de Wolfe Research calculan que por cada gigavatio de capacidad que Meta logre monetizar, el beneficio por acción podría crecer alrededor de 20% (WWWhatsnew). Meta, por su parte, apunta a alcanzar 14 gigavatios de cómputo total para 2027 y construye un centro de datos de 9,100 millones de dólares en Canadá (Yahoo Finance).
Impacto: euforia en Meta, terremoto en sus rivales
El día del anuncio, las acciones de Meta cerraron con una subida de 8.8%, a 612.91 dólares, y en la semana del 7 al 11 de julio acumularon cerca de 15% —su mayor rebote semanal en más de dos años—, según datos de WWWhatsnew. El volumen de opciones en los días previos al repunte fue más de tres veces el promedio de los 30 días anteriores, con 78% del premium total de 1,800 millones de dólares concentrado en posiciones alcistas. Los analistas actualizaron sus objetivos de precio hacia un rango de entre 720 y 869 dólares a doce meses. Pero la euforia de Meta tuvo su contraparte: CoreWeave y Nebius retrocedieron alrededor de 13% cada una, dado que el mercado interpretó que un nuevo competidor con mayor escala y capital amenaza directamente su negocio (La Nación). La ironía no pasó desapercibida: Meta es cliente de CoreWeave con un compromiso de 21,000 millones de dólares firmado este año; un giro de comprador a vendedor podría redefinir esa relación (247 Wall St.). En cambio, los gigantes consolidados —Amazon, Microsoft y Google— apenas acusaron el golpe, dado que sus negocios en la nube ya están diversificados y cuentan con contratos de largo plazo. El caso Meta ilustra una tendencia más amplia: el Big Tech en su conjunto se encamina a gastar más de 700,000 millones de dólares en infraestructura de IA en 2026, el doble que en 2025. Convertir aunque sea una fracción de esa capacidad en ingresos recurrentes cambia radicalmente la ecuación financiera del sector. Para Meta, la jugada es existencial: transformar el mayor centro de costos de su historia en el cuarto hyperscaler de Estados Unidos, al lado de AWS, Azure y Google Cloud. El mercado, por ahora, le cree.
Fuentes consultadas: Bloomberg, CNBC, Forbes México, Benzinga España, Yahoo Finance, La Nación, WWWhatsnew, Nexo.la, 247 Wall St., TIKR
