Creatina y Alzheimer: estudio piloto halla mejoras cognitivas

Un suplemento que durante décadas se asoció exclusivamente con el rendimiento físico acaba de abrir una puerta inesperada en la investigación del Alzheimer. Un estudio piloto realizado en el Centro Médico de la Universidad de Kansas reveló que la creatina monohidrato podría mejorar la cognición en pacientes con esta enfermedad neurodegenerativa, generando esperanza —y también cautela— entre la comunidad científica.

El cerebro y su crisis energética

El Alzheimer no es solo una enfermedad de la memoria: es, en su raíz, una crisis energética cerebral. La disfunción del sistema de creatina en el cerebro ha sido identificada como un mecanismo que puede contribuir al desarrollo y progresión del Alzheimer (Alzheimer's & Dementia: Translational Research & Clinical Interventions, 2025). La creatina es un compuesto que el organismo usa como reserva de energía rápida para regenerar el ATP —la molécula energética celular— en momentos de alta demanda. Cuando ese sistema falla, las neuronas sufren. La pregunta que se plantearon los investigadores fue directa: ¿puede suplementar con creatina revertir, aunque sea parcialmente, ese déficit energético en un cerebro ya enfermo?

El ensayo CABA: primer estudio en humanos con Alzheimer

El ensayo clínico denominado CABA (Creatine to Augment Bioenergetics in Alzheimer's), aprobado por el Comité de Ética del Centro Médico de la Universidad de Kansas, reclutó a 22 participantes entre diciembre de 2022 y mayo de 2024. El protocolo contempló administrar 20 gramos diarios de creatina monohidrato durante ocho semanas a pacientes de entre 60 y 90 años con diagnóstico clínico probable de Alzheimer (ClinicalTrials.gov, NCT05383833). La dosis elegida fue significativamente mayor a los cinco gramos habituales en el ámbito deportivo, pues los investigadores sabían que el suplemento se absorbe primero en el músculo antes de llegar al cerebro (KU Medical Center, 2025).

Los resultados fueron notables para un estudio de esta escala. El 85% de los participantes mostró un incremento promedio del 11% en los niveles de creatina cerebral, medido mediante espectroscopía de resonancia magnética. Asimismo, la cognición mejoró en las escalas global y de cognición fluida, con avances significativos en pruebas de clasificación de listas, lectura oral y control inhibitorio (Alzheimer's & Dementia: Translational Research & Clinical Interventions, 2025). El neurocientífico Matthew K. Taylor, Ph.D., profesor asistente de dietética y nutrición en KU y líder del estudio, declaró: “Estos resultados preliminares sugieren que aquí están ocurriendo cosas positivas, que la creatina tiene un beneficio” (KU Medical Center, 2025).

Sin embargo, el propio Taylor fue enfático sobre los límites del hallazgo. En junio de 2025 afirmó públicamente: “No creo que pueda recomendarle a un paciente que esto va a tener algún tipo de influencia cognitiva” (Your Brain On… podcast, junio 2025). El doctor G. Peter Gliebus, director de Neurología Cognitiva del Marcus Neuroscience Institute del Baptist Health, reiteró esa postura: “Este es un estudio muy pequeño y temprano. Definitivamente necesitamos ensayos más grandes” (Baptist Health, 2025).

Promesa real, pero sin atajos

El estudio no fue ciego ni controlado con placebo —limitaciones que sus propios autores reconocen abiertamente—, lo que impide atribuir de manera definitiva las mejoras observadas exclusivamente al suplemento. Aun así, los propios investigadores concluyen que la suplementación con creatina monohidrato es factible en pacientes con Alzheimer y ofrece evidencia preliminar para futuros estudios de eficacia y mecanismo (PMC / Alzheimer's & Dementia, 2025). En paralelo, una revisión sistemática publicada en Frontiers in Nutrition en 2024 ya había documentado que la creatina muestra beneficios potenciales en velocidad de procesamiento cognitivo en adultos sanos. El cerebro con Alzheimer —argumentan los investigadores— podría beneficiarse de ese mismo mecanismo energético, pero a una escala mucho más significativa. La comunidad científica aguarda ahora ensayos controlados y aleatorizados de mayor escala que confirmen —o descarten— lo que este primer estudio piloto apenas empieza a insinuar.

Fuentes consultadas: Alzheimer's & Dementia: Translational Research & Clinical Interventions (Smith AN et al., mayo 2025); KU Medical Center News; ClinicalTrials.gov NCT05383833; Psychology Today (mayo 2025); Baptist Health News; Your Brain On… podcast (junio 2025); Frontiers in Nutrition (2024); PMC / NCBI.

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