Venezuela amanece este 4 de julio de 2026 con el peso insoportable de una cifra que no deja de crecer: al menos 2,645 personas muertas, más de 12,500 heridas y decenas de miles de desaparecidas, a diez días del doble sismo que sacudió al país el 24 de junio. Las brigadas de búsqueda y rescate internacionales, que llegaron de emergencia desde cuatro continentes, comienzan a dar paso a la fase de recuperación, mientras los familiares de las víctimas exigen más rapidez para rescatar los cuerpos entre los escombros.
Un país sísmico golpeado en su punto más vulnerable
Para entender la magnitud de lo ocurrido, hay que mirar al pasado. El terremoto de Caracas de julio de 1967, de magnitud 6,6, causó alrededor de 240 muertos y el colapso de varios edificios de gran altura (Wikipedia). El sismo de 2026 ha sido el más poderoso registrado en Venezuela desde el terremoto de San Narciso de 1900, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El 24 de junio de 2026, dos terremotos consecutivos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el noroeste y centro del país, con epicentros en el municipio Veroes, al oeste de San Felipe, en el estado Yaracuy (Wikipedia). El primer sismo fue seguido del segundo apenas 39 segundos después, generando un efecto devastador en cadena sobre estructuras ya debilitadas por años de crisis económica y falta de mantenimiento. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), unos 8,6 millones de personas estuvieron expuestas a sacudidas de moderadas a severas, incluidos aproximadamente 2,1 millones que experimentaron los temblores más intensos (ONU).
El rescate internacional y la carrera contra el tiempo
La respuesta internacional fue masiva, aunque no exenta de obstáculos. A solicitud del gobierno venezolano, 44 equipos internacionales de búsqueda y rescate urbano (USAR) desplegaron 2,245 especialistas y 140 perros de búsqueda para extraer sobrevivientes de estructuras colapsadas (OCHA-ONU). Rescatistas llegaron de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Perú y República Dominicana, entre otros países. La Brigada Internacional de Rescate Topos Azteca, fundada tras el devastador terremoto de Ciudad de México en 1985, también desplegó voluntarios, llevando consigo equipo de rescate y bolsas para cadáveres (NBC News). El gobierno mexicano, por su parte, desplegó un contingente de 250 elementos especializados y envió más de 71 toneladas de ayuda humanitaria, y anunció el envío adicional de un buque de la Secretaría de Marina (El Español). Sin embargo, la ventana crítica para encontrar sobrevivientes se fue cerrando inexorablemente. Sebastián Mocarquer, encargado de búsqueda y rescate de la ONU en las zonas afectadas, explicó a CNN que “la mayor cantidad de rescates se hace en los primeros tres días” y que entre el día tres y el siete la probabilidad de éxito baja de forma significativa. A pesar de ello, hubo rescates extraordinarios: un niño de 3 años fue sacado con vida por un equipo jordano tras seis días bajo los escombros en Caracas, y un guardia de seguridad sobrevivió ocho días atrapado en La Guaira, en una operación de 114 horas coordinada por brigadas de Chile, El Salvador, Costa Rica, México, Estados Unidos, Portugal y Colombia (Wikipedia). Al décimo día, más de 3,300 rescatistas internacionales seguían activos junto a equipos venezolanos, y se habían registrado cerca de 900 réplicas desde los sismos originales (WMNF). Los bomberos españoles ya habían comenzado a retirarse el 1 de julio tras concluir sus operaciones, y el giro desde el rescate hacia la recuperación de cuerpos se volvía inevitable (El Nacional / Wikipedia).
Crisis sobre crisis: el peso de años de deterioro institucional
Los terremotos encontraron a Venezuela en una situación de máxima fragilidad. Según el Comité Internacional de Rescate (IRC), casi 8 millones de personas dentro del país ya necesitaban apoyo humanitario urgente antes de los sismos, y los recortes recientes a la ayuda internacional habían limitado la capacidad de respuesta. La falta de maquinaria pesada fue señalada repetidamente por los damnificados como el principal obstáculo: “Se burlan de nosotros”, denunciaron residentes de La Guaira ante la prensa (Infobae). Organizaciones civiles y voluntarios reportaron dificultades para hacer llegar asistencia, mientras vecinos aseguraron que en muchos sectores el rescate inicial dependió principalmente de familiares y socorristas internacionales (Infobae). La OMS alertó que, a medida que las labores de búsqueda den paso a la recuperación, “el número total de fallecidos aumente de forma considerable” (El Español / OMS). Los hospitales operan por encima de su capacidad, el riesgo de brotes de enfermedades crece y miles de personas permanecen desplazadas sin soluciones de mediano plazo. El PNUD estimó el daño físico directo en 6,700 millones de dólares, equivalente a aproximadamente el seis por ciento del PIB venezolano, con pérdidas que podrían ubicarse entre 4,700 y 8,700 millones (ONU). Venezuela decretó siete días de duelo nacional. El gobierno anunció un fondo de reconstrucción de 200 millones de dólares, cifra que palidece ante los 37,000 millones de dólares en daños físicos directos estimados por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (WMNF). Beatriz Ochoa, directora de incidencia para América Latina del Consejo Noruego para Refugiados, advirtió que será necesario “transicionar hacia soluciones de mediano y largo plazo” para que la población pueda reconstruir sus vidas (Democracy Now!). Venezuela enfrenta ahora la doble tarea de contar a sus muertos y planear la reconstrucción de un país que ya estaba al límite antes del primer temblor.
Fuentes consultadas: Wikipedia (Terremotos de Venezuela de 2026), Univision, NBC News, El Español, CNN en Español, Infobae, WMNF, ONU-OCHA, IRC, Democracy Now!, Washington Post/AP, USGS, WMNF 88.5 FM
