Cada hora, más de mil personas mueren en el mundo a causa de accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio. Detrás de la mayoría de esas muertes hay un enemigo común, invisible y en gran medida ignorado: la hipertensión arterial. Los datos más recientes, avalados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME) y el Journal of the American College of Cardiology (JACC), confirman que la presión arterial alta es hoy el principal factor de riesgo cardiovascular modificable del mundo, y que sus consecuencias letales superan con creces lo que la opinión pública imagina.
Un problema que se duplicó en tres décadas
El primer Informe Mundial de la OMS sobre Hipertensión, publicado en septiembre de 2023 bajo el título La carrera contra un asesino silencioso, reveló una realidad alarmante: el número de personas que viven con hipertensión se duplicó entre 1990 y 2019, pasando de 650 millones a 1,300 millones de afectados. Hoy, la enfermedad impacta a uno de cada tres adultos en el planeta, y casi la mitad de ellos desconoce que la padece. Más grave aún: aproximadamente cuatro de cada cinco pacientes no reciben tratamiento adecuado (OMS, 2023). Este contexto histórico es clave para entender la magnitud de la crisis. Desde mediados del siglo XX, la comunidad médica identificó la presión arterial elevada como un factor de riesgo cardinal, pero las políticas de salud pública respondieron de manera desigual. Hoy, más de tres cuartas partes de los hipertensos del mundo viven en países de ingresos bajos y medios, donde el acceso al diagnóstico y al tratamiento sigue siendo precario.
El veredicto de la ciencia: el mayor asesino modificable
El estudio más comprehensivo publicado hasta la fecha sobre la carga global de enfermedades cardiovasculares, divulgado en el JACC en 2025 con datos del Global Burden of Disease 1990-2023 para 204 países y territorios, estableció que las muertes por enfermedades cardiovasculares aumentaron de 13.1 millones en 1990 a 19.2 millones en 2023. Dentro de ese universo, la presión arterial sistólica elevada fue identificada como el principal contribuyente a la carga de enfermedades cardiovasculares en 2023, por encima de la dieta, el colesterol LDL elevado y la contaminación ambiental (JACC/IHME, 2025). La Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA), citando datos del Global Burden of Disease, advierte que la hipertensión causa cerca de 11 millones de muertes cardiovasculares al año en el mundo. Esta cifra, que duplica las muertes totales que causó la pandemia de COVID-19, subraya la magnitud de una epidemia que avanza en silencio. Por su parte, el New England Journal of Medicine publicó en 2023 los resultados del Global Cardiovascular Risk Consortium, que analizó datos individuales de 1,518,028 participantes en 112 estudios de cohorte realizados en 34 países y 8 regiones geográficas. Entre sus conclusiones, la presión arterial sistólica emerge como el factor con mayor potencial para la prevención de enfermedades cardiovasculares de todos los analizados (NEJM, 2023). El Dr. Tom Frieden, presidente de Resolve to Save Lives, lo sintetizó con crudeza: “Cada hora, más de mil personas mueren de accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio. Muchas de estas muertes se deben a la hipertensión arterial, y la mayoría podrían haberse evitado” (OMS, 2023). La nueva Guía AHA/ACC 2025 de hipertensión arterial refuerza este mensaje con metas más estrictas de control: tensión arterial menor a 130/80 mmHg para la mayoría de los pacientes, y menor a 120 mmHg para individuos de alto riesgo, respaldadas por el ensayo SPRINT, que demostró una reducción significativa en eventos cardiovasculares mayores con el control intensivo (American Heart Association/ACC, 2025).
México: una crisis silenciosa que crece al 80% en una década
En México, la emergencia cardiovascular tiene rostro propio. Según cifras del INEGI, en 2024 se registraron más de 192,000 muertes por enfermedades del corazón, consolidándolas como la principal causa de mortalidad en el país, con un crecimiento del 80% en la última década: de 107,000 muertes en 2014 a 192,000 en 2024 (INEGI/Consultor Salud, 2025). La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua (Ensanut 2021-2024) reveló que la prevalencia de hipertensión en adultos mexicanos es de 29.1%, pero solo el 62.9% de los afectados había sido diagnosticado, y entre quienes recibían tratamiento farmacológico, apenas el 60.1% tenía su presión arterial bajo control (Salud Pública de México, 2025). La Sociedad Mexicana de Cardiología y el Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez” alertaron, en el marco del Día Mundial del Corazón 2025, que la hipertensión arterial y la obesidad son los principales detonantes de esta crisis de salud pública nacional. Expertos del Instituto Nacional de Salud Pública señalaron que se requiere “una estrategia poblacional, pronta y concertada para reducir la carga de la HTA y evitar complicaciones, discapacidad y muerte prematura” (INSP/Ensanut, 2024). La OMS advierte que si los países logran ampliar la cobertura de tratamiento, podrían evitarse 76 millones de muertes entre 2023 y 2050, con una relación costo-beneficio de 18 a 1. La solución existe, es asequible y está documentada. Lo que falta, en México y en el mundo, es la voluntad política para actuar antes de que el silencioso asesino siga cobrando su cuota.
Fuentes consultadas: OMS – Informe Mundial sobre Hipertensión 2023; JACC / IHME – Global Burden of Cardiovascular Diseases 1990-2023 (2025); New England Journal of Medicine – Global Cardiovascular Risk Consortium (2023); American Heart Association / ACC – Guía de Hipertensión 2025; Salud Pública de México – Ensanut Continua 2021-2024 (2025); INEGI / Consultor Salud México (2025); Sociedad Española de Arteriosclerosis – Estándares SEA 2026; Excélsior México.
