Una simple vacuna contra la culebrilla —esa dolorosa erupción que afecta a millones de adultos mayores— podría convertirse en una de las herramientas más poderosas para combatir la demencia. No es especulación: una avalancha de estudios científicos publicados entre 2024 y 2025 en revistas como Nature, Nature Medicine, JAMA y Annals of Internal Medicine apunta en la misma dirección, con datos que han sorprendido incluso a los propios investigadores.
El virus que nunca se va: contexto de una amenaza silenciosa
El herpes zóster es causado por el virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela en la infancia. Después de esa primera infección, el virus se queda dormido en las células nerviosas de por vida. En personas mayores o con sistemas inmunes debilitados, puede reactivarse y desencadenar la culebrilla: una erupción dolorosa de ampollas que puede tardar semanas en sanar. Pero el daño no termina ahí. Cada reactivación produce inflamación generalizada que afecta tanto al cerebro como al corazón (gTt-VIH, octubre 2025). Según la Organización Mundial de la Salud, en 2021 más de 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo, y cada año se suman cerca de 10 millones de nuevos casos (Infobae, noviembre 2025). Ante la falta de tratamientos curativos, los investigadores han comenzado a mirar con renovado interés el papel de las infecciones virales en el desarrollo de esta condición.
Los estudios que cambiaron la conversación
El parteaguas llegó en abril de 2025, cuando el equipo del Dr. Pascal Geldsetzer, profesor asistente de medicina en la Universidad de Stanford, publicó en la revista Nature los resultados de un experimento natural comparable a un ensayo controlado aleatorio —el estándar de oro de la investigación médica (Infobae, abril 2025). Aprovechando un cambio en la política de vacunación de Gales que creó dos grupos casi idénticos de adultos, unos vacunados y otros no, los científicos determinaron que la vacuna antizóster redujo la probabilidad de un nuevo diagnóstico de demencia en aproximadamente una quinta parte en un seguimiento de siete años (Nature, abril 2025). Un análisis complementario publicado en Nature Medicine en 2024 que incluyó los historiales médicos de más de 100,000 pacientes reforzó la misma hipótesis (Infobae, abril 2025). Pero las revelaciones no pararon. En octubre de 2025, durante el congreso IDWeek 2025 celebrado en San Diego, investigadores presentaron datos de más de 174,000 adultos de 107 sistemas de salud estadounidenses que mostraron que los vacunados contra el herpes zóster tenían un 50% menos de riesgo de demencia vascular, 25% menos de riesgo de infarto o derrame cerebral, y 21% menos de riesgo de muerte, comparados con quienes recibieron la vacuna contra el neumococo (Infectious Diseases Society of America, octubre 2025). Y en diciembre de 2025, un nuevo estudio publicado en la revista Cell —liderado también por el equipo de Stanford— encontró que la vacuna no solo previene el diagnóstico de demencia, sino que entre personas que ya padecen la enfermedad también reduce las muertes ocasionadas por ella (Cell, diciembre 2025). Casi simultáneamente, un estudio publicado en Annals of Internal Medicine analizó los registros de Medicare de 509,926 personas en 5,550 instalaciones de cuidados en Estados Unidos y encontró que recibir la vacuna recombinante Shingrix estuvo asociado con una reducción de 5.8 puntos porcentuales en el riesgo de diagnóstico de demencia por hasta cuatro años (CIDRAP, junio 2025). El investigador a cargo del estudio reconoció: “Honestamente nos sorprendieron los resultados” (CIDRAP, 2025).
El mecanismo: inflamación, amiloide y el sistema nervioso bajo ataque
¿Por qué vacunarse contra la culebrilla protegería al cerebro? La hipótesis más sólida apunta a que las reactivaciones clínicas y subclínicas del virus varicela-zóster actúan como un estresor inmunológico crónico que dispara vías inflamatorias en el sistema nervioso central y periférico, interfiriendo con el equilibrio neuroinmune en la vejez. Además, el virus ha sido vinculado a la deposición de amiloide y a la agregación de proteínas tau —marcadores característicos del alzhéimer— y a enfermedades cerebrovasculares que imitan los patrones de la enfermedad (Cell, diciembre 2025). Al evitar esas reactivaciones, la vacuna reduciría esa inflamación crónica y sus consecuencias neurológicas (gTt-VIH, octubre 2025). La vacuna más nueva, Shingrix —que reemplazó a Zostavax en varios países alrededor de 2020—, parece ofrecer protección adicional: quienes recibieron ambas dosis de Shingrix presentaron un 18% menos de riesgo de demencia frente a quienes se inmunizaron con Zostavax en un seguimiento de cinco años (Infobae, noviembre 2025). El efecto es especialmente notable en mujeres mayores de 80 años, quienes muestran hasta un 39% menos de riesgo de demencia a tres años de la inmunización (Infobae, noviembre 2025).
Promesa real, cautela necesaria
La acumulación de evidencia es inédita, pero los expertos llaman a la mesura. “Lo consideraría resultados prometedores que proveen evidencia única de que la vacuna puede tener beneficios cognitivos significativos, pero aún no como prueba definitiva de que debamos vacunar únicamente para reducir el riesgo de demencia”, señaló el especialista Salinas en declaraciones recogidas por CNN en diciembre de 2025. En el mismo sentido, la farmacéutica GSK anunció que está analizando datos de aproximadamente 1.4 millones de adultos mayores en el Reino Unido para consolidar la evidencia (Euronews Health, abril 2025). Mientras la ciencia avanza hacia un ensayo clínico definitivo, la conclusión práctica es clara: la vacuna contra el herpes zóster ya está disponible, es segura y altamente efectiva para prevenir la culebrilla. Si además protege el cerebro, se convierte en una de las intervenciones preventivas más accesibles y poderosas que la medicina tiene hoy en sus manos para una de las crisis de salud más devastadoras del siglo XXI.
Fuentes consultadas: gTt-VIH, Infobae, Nature, Nature Medicine, JAMA, Annals of Internal Medicine, Cell (Stanford/Heidelberg), Infectious Diseases Society of America (IDWeek 2025), CIDRAP, Euronews Health, CNN Health, Harvard Health Publishing.

Muy interesante lo de la vacuna yo estoy esperando cumplir 6 meses porque tuve Herpez Zoster en abril famosa culebrilla y me dañó el nervio de mi pierna izquierda es muy doloroso no tuve casi ámpulas pero un dolor muy fuerte y tengo que esperar hasta octubre para ponerme la vacuna por indicación medica
Gracias por leernos 🙂
Se puede poner uno la vacuna despues de haber tenido herpes Zoster
Eso lo tendría que responder un médico, nosotros somos un medio de comunicación.
En dónde se puede conseguir la vacuna y si se puede aplicar en personas que ya parecen el herpes Zoster?
La hemos visto anunciada en la Farmacia del Ahorro, entre otras.