CNTE paraliza el Centro Histórico: 7 mil maestros toman las calles

El bullicio habitual del Centro Histórico de la Ciudad de México quedó sofocado este sábado bajo el peso de miles de pies marchando sobre el asfalto. Siete mil integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) convirtieron las arterias más emblemáticas de la capital en un río humano de pancartas, consignas y demandas que resonaron desde el Zócalo hasta los confines del primer cuadro de la ciudad.

Un conflicto que no termina de apagarse

La movilización de este sábado no es un hecho aislado. La CNTE acumula décadas de confrontación con los gobiernos federal y estatal, una relación tensa que se reaviva cada vez que las negociaciones en torno a salarios, prestaciones y la abrogación de reformas educativas se estancan en los escritorios burocráticos. Este 2025 no ha sido la excepción: el sindicato disidente ha intensificado sus acciones de presión desde inicios del año, exigiendo incrementos salariales de emergencia y la cancelación definitiva de evaluaciones docentes que considera punitivas. La marcha de hoy representó uno de los despliegues más numerosos registrados en meses recientes en la capital del país.

Las calles como trinchera: bloqueos, marchas y tensión vial

Desde temprana hora, contingentes provenientes de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán —estados donde la CNTE tiene mayor presencia— comenzaron a confluir en puntos estratégicos del Centro Histórico. Eje Central, Bucareli, Paseo de la Reforma y las inmediaciones del Palacio Nacional fueron escenarios de bloqueos intermitentes que generaron caos vehicular en cadena. ‘Llevamos tres horas parados, no sabemos ni por dónde salir’, relató vía redes sociales un conductor atrapado sobre Avenida Juárez, imagen que se replicó en decenas de testimonios ciudadanos. Los organizadores, sin embargo, defienden su estrategia. ‘El bloqueo es nuestra única herramienta cuando el gobierno no escucha’, declaró un representante de la sección oaxaqueña consultado por medios locales (Proceso, La Jornada). La cifra de siete mil manifestantes fue reportada por autoridades capitalinas y corroborada por corresponsales en terreno, aunque dirigentes del sindicato aseguran que la convocatoria superó esa estimación oficial.

El operativo de seguridad desplegado por la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX incluyó cientos de elementos que acompañaron el recorrido sin intervenir, en apego al protocolo de manifestaciones pacíficas. Rutas del Metrobús y de transporte público fueron modificadas temporalmente, afectando a miles de usuarios que debieron buscar rutas alternas en un sábado atípicamente caótico (El Universal, Milenio). Comerciantes del perímetro A del Centro Histórico reportaron pérdidas económicas considerables: ‘Los clientes simplemente no pueden llegar, cerramos a mediodía’, confesó una vendedora de artesanías con puesto fijo frente a la Alameda Central.

En paralelo a la marcha principal, grupos de maestros instalaron plantones frente a la Secretaría de Gobernación, donde exigen una mesa de diálogo formal con funcionarios de alto nivel. ‘No nos vamos hasta que haya una respuesta concreta, no promesas’, advirtió una profesora de Guerrero que viajó doce horas en autobús para sumarse a la movilización (Sin Embargo, Animal Político). Su historia, repetida en cientos de variaciones entre la multitud, dibuja el perfil de un movimiento alimentado tanto por demandas sindicales como por agravios acumulados durante años.

Una ciudad dividida entre el derecho a protestar y el derecho a circular

La jornada reabrió el debate que la Ciudad de México no logra resolver: cómo equilibrar el legítimo derecho a la manifestación con la movilidad y el sustento de millones de capitalinos. Expertos en derecho constitucional recuerdan que ambos derechos están protegidos y que la tensión entre ellos exige diálogo político, no represión. Lo cierto es que mientras el sol caía sobre el Zócalo y los últimos contingentes se dispersaban, las demandas de la CNTE seguían sin respuesta oficial. El gobierno capitalino confirmó que las vialidades fueron liberadas hacia las 18 horas, pero la raíz del conflicto permanece intacta, lista para volver a llenar las calles cuando el calendario sindical lo marque. La pregunta no es si habrá otra marcha. La pregunta es cuándo.

Fuentes consultadas: Proceso, La Jornada, El Universal, Milenio, Sin Embargo, Animal Político

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