El peso mexicano amaneció este jueves herido de gravedad: el dólar trepó hasta los 17.47 pesos, marcando la depreciación más severa de la divisa nacional desde marzo de 2024, arrastrado por un vendaval geopolítico que sacude los mercados globales y pone en jaque la estabilidad financiera de México. Una caída del 1.1% que, aunque parece un número frío, tiene consecuencias muy reales para millones de familias y empresas mexicanas.
Contexto histórico: cuando el mundo tiembla, el peso paga la factura
México tiene una historia dolorosa con las crisis cambiarias. Desde el Efecto Tequila de 1994, cuando el peso colapsó más del 50% en semanas, hasta la volatilidad de 2016 tras la elección de Donald Trump, la divisa nacional ha funcionado como termómetro sensible de las tensiones globales. El peso es considerada una de las monedas emergentes más líquidas del mundo, lo que la convierte en instrumento favorito de los especuladores cuando la incertidumbre global se dispara. En marzo de 2024, el dólar ya había registrado niveles similares durante una tormenta perfecta de factores externos, y ahora la historia parece repetirse con un detonante diferente pero igualmente explosivo: la escalada de conflictos en Oriente Medio.
El fuego en Oriente Medio y su eco en Reforma
Las tensiones entre Israel, Irán y sus aliados regionales han generado una huida masiva hacia activos refugio como el dólar estadounidense, el yen japonés y el oro, en detrimento de divisas emergentes como el peso. (Reuters señaló esta semana que los mercados de futuros registraron su mayor volatilidad en lo que va del año ante el riesgo de una escalada militar ampliada en la región.) El impacto no es menor: México importa una porción significativa de sus insumos industriales y energéticos valuados en dólares, por lo que cada centavo que pierde el peso se traduce en presión inflacionaria. (El portal especializado Bloomberg Línea apuntó que operadores de divisas en la Ciudad de México reportaron jornadas de alta tensión, con órdenes de venta del peso muy por encima de lo habitual.) Analistas del sector financiero consultados por diversos medios coinciden en que el nerviosismo no es irracional. (Banorte Research advirtió en una nota interna citada por El Financiero que el tipo de cambio podría mantenerse volátil en el rango de 17.30 a 17.60 pesos por dólar mientras no haya señales de distensión geopolítica.) Por su parte, economistas independientes recuerdan que el Banco de México cuenta con reservas internacionales superiores a los 220 mil millones de dólares, un colchón que da margen de maniobra, aunque no inmunidad total.
Impacto en bolsillos y perspectivas: ¿alarma o ajuste temporal?
Para el ciudadano de a pie, un dólar en 17.47 pesos significa gasolina más cara en el mediano plazo, alzas en productos electrónicos importados y mayor presión sobre quienes tienen deudas en moneda extranjera. Las pequeñas y medianas empresas importadoras son las más vulnerables en el corto plazo. Sin embargo, hay una cara positiva que no debe ignorarse: las exportadoras mexicanas, especialmente las manufactureras del sector automotriz y agroindustrial, se benefician directamente de un peso débil, ya que sus productos se vuelven más competitivos en el mercado estadounidense. (La Secretaría de Economía no ha emitido postura oficial al cierre de esta edición, según confirmó Expansión.) Los expertos piden no caer en el pánico. La clave estará en observar si las tensiones en Oriente Medio se prolongan o se contienen, y en los próximos datos de inflación y empleo en Estados Unidos, que definirán la política monetaria de la Reserva Federal. Un dólar fuerte sostenido presiona a toda América Latina. México, por su profunda integración económica con Estados Unidos vía el T-MEC, tiene más herramientas que sus vecinos para capear el temporal, pero también mayor exposición. La tormenta pasará, dicen los analistas. La pregunta es cuánto terreno perderá el peso antes de que escampe.
Fuentes consultadas: Reuters, Bloomberg Línea, El Financiero, Banorte Research, Expansión
